06 octubre 2010

Estaba nublado.

No había viento, no llovía… solo estaba nublado. Algunas veces las nubes eran blancas de esas que hasta les buscas forma, de esas que hasta se ven bonitas y hasta te puedes quedar mirándolas por horas, pero a fin de cuentas estaba nublado. Otras veces las nubes eran negras, de esas que dan miedo, de esas que dejan el cielo como nocturno, aunque sea de día… estaba nublado, pero solo estaba nublado. No llovía.

Un día vi en el cielo un brillo, era tan bello que iluminó todo, era de energía pura, era de luz pura, ilumino mi vida y la sacudió toda… seguía nublado pero por un instante todo quedó claro, casi casi lastimaba los ojos de tanta belleza, casi casi como ver el sol.

Pero solo duró un instante…

Casi inmediatamente escuché un ruido ensordecedor, de esos que dan un miedo que cala los huesos, de los que sacan todo de tu cerebro y te hacen pensar en los demonios del pasado, presente y futuro, de los que te quitan toda la esperanza.

Y ahora solo llueve.

A cántaros.

Llueve como hace miles de años no lo hacía, llueve tanto que me hace recordar lluvias pasadas que dejaron charcos por todos lados que nunca se van a secar.

Eventualmente parará la lluvia, y dejará más charcos. Volverá a estar nublado y habrán muchas nubes negras. Y después, quizás, algunas blancas.

Pero seguirá nublado.

Porque ahora ya no tengo esperanzas de ver el sol algún día.

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