23 febrero 2010

Deneb 4 - Capítulo 0

No es como aprender portugués o italiano, ni siquiera como aprender japonés, ya que no puede imitar los sonidos que produzco con mis cuerdas vocales, y por supuesto yo no puedo imitar lo que emite con sus... con lo que sea que use para hablar.

Es como escuchar a un delfín o una ardilla, ya no sé ni a qué se parece, sólo se que al tratar de imitarle se burla de mí como si fuera su bufón, y cuando trata de imitarme le salen como gemidos de perro malherido... sí, también me burlo bastante.

El otro día emitió un chillido agudo, como de ardilla; estaba un poco lejos, pero le escuché claramente. Fui corriendo hasta donde estaba, sin importarme si había peligro. No es la mejor compañía del mundo, pero es lo que hay. Estaría peor solo.

Cuando llegué a donde estaba, le vi brincoteando y chillando frente a un arbusto bastante extraño, como de un metro de alto, con hojas de punta afilada, y repleto de bellas florecillas azules. Me miró y soltó otro chillido mientras lo apuntaba con el dedo, no sé cómo carajos me di cuenta, pero estoy seguro de que estaba feliz. Feliz por las flores.

Tenía que ser mujer.

Me reí un poco, pensando que en México o en China, en la Tierra o donde como-se-llame-su-planeta, las mujeres son mujeres. Podemos estar arriesgándonos todos los días para cazar esos bichos que usamos para comer, podemos estar abandonados en este chiquero de planeta solos y sin posibilidad de salir, pero si ve flores, se le alegra la vida.

Tengo que admitirlo. Esa fue la primera vez que la vi bella.

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