04 noviembre 2005

(IV) Ayer soñé con ella.

Estaba parada frente a mí, vestida únicamente con las tinieblas de la habitación. No podía verle el rostro pero sabia que era ella; invitándome con susurros indescifrables a tomar posesión de su cuerpo. Yo estaba sentado en un costado de la cama, incapaz de moverme. Y luego la luz regresaba un poco, le iluminaba la cara, y al verla, el deseo más fuerte era solamente besarla. Besarle los ojos y la boca.

Nuevamente la penumbra nos cubrió, y ella caminó – por fin – hacia mí. Rodeó mi cuello con sus brazos, sentada en mis piernas y con los codos descansando en mis hombros.

- ¿Me deseas? – preguntó con un suspiro apenas audible
- Mucho…
- Yo también te deseo, desde hace tiempo, pero… tengo miedo.
- ¿Miedo a que?
- Miedo a no poder irme después. – me dijo mientras temblaba
- No tienes por que…
- ¿No debería de tener miedo?
- No tienes por que irte después.

Me empujó hacia atrás, aun rodeándome con los brazos, y quedé debajo de ella con sus labios endulzándome la boca, el cuello y luego el pecho. Sus dientes eran como pequeñas agujas, que traspasaban mis nervios y me hacían temblar. Hasta que por fin, sentada sobre de mi, en medio de un terremoto, solo sus arañazos en mi pecho me hicieron saber que estaba sintiendo lo mismo que yo.

Desde lo más alto del cielo bajamos lentamente a la cama en donde estábamos. Su cuerpo aun sobre mi cuerpo, mi cuerpo aun dentro del suyo y su respiración en mi pecho me hicieron saber que ya no tenía miedo, que no quería irse.

Y no se fue.

Y se quedó dormida conmigo.

Y desperté.

Y ya no estaba.

1 comentario:

Jorgito dijo...

Saludos paisano, no es burla, pero yo quedé hasta la madre de pib