23 abril 2005

Narco-satánico, necrofílico. (II)

Si no la has leído, lee la primera parte aca.

Dicen los ancianos que en la noche de brujas los muertos se levantan de sus tumbas y reparten velas rojas a las personas que quieran dañar; dicen que si alguien toca tu puerta y te da una vela roja encendida es una amenaza terrible. Al día siguiente la vela amanece convertida en un hueso humano, y quien la recibió amanece muerto.

-Vamos caminando hasta el centro- dijo Lucas, y el líder del grupo de los kukuxclanes asintió con la cabeza. Decía llamarse Elías, tiene ese tipo de cara que te recuerda un chingo al personaje que conduce un programa de concursos todos los domingos en la mañana, corpulento y alto, pero de carácter amable y atento, ese carácter del que da miedo saber que puede conseguir que las personas hagan cualquier cosa, si solo lo pide.

Empezamos la caminata, alguien llevaba una especie de lámpara de vela, y estaba quemando incienso, el olor era muy fuerte y el ambiente pesado. Lucas iba adelante, cargaba una hoz, la cual había fabricado con una vara larga y una lamina afilada; detrás de el iba Elías, enfundado en su batón negro y sin dejar que se le vea la cara tapándose con la capucha, en la mano derecha llevaba una pequeña campana parecida a las que portan los monaguillos en las iglesias, la cual hacia repiquetear mientras repetía en vos apenas audible... arrepiéntanse... arrepiéntanse...

Detrás de Elías veníamos agrupados los que salimos con Lucas, y detrás de nosotros todos los que estaban vestidos como kukuxclanes. Al voltear me di cuenta que dos de ellos llevaban cargado un pequeño ataúd, muy rustico, completamente negro y con una cruz plateada en la parte superior, del tamaño de un niño de 13 años. Ninguno de nosotros conocía, -hasta ese momento- su contenido.

No quiero continuar sin hacer una aclaración: esto no es un cuento de terror, es una historia 100% real. Todo lo relatado aquí sucedió realmente, y si consultan la hemeroteca pueden confirmarlo (el periódico donde salieron todas las noticias fue "El diario de Yucatán")

Habíamos caminado como dos kilómetros, las personas apagaban las luces de sus casas cuando nos veníamos acercando, algunos nos aventaban pringas de agua (bendita supongo), otros solamente corrían a esconderse a nuestro paso. Llegamos a una esquina donde había un restaurante, algunos parroquianos empezaron a aplaudir como si fuera un festejo carnavalesco, entonces Lucas se detuvo, y los demás le imitamos. Se acercó caminando muy lentamente a una de las personas que habían aplaudido, y de la larga manga de su batón salio su huesuda mano, en ella una vela roja, encendida, -sinceramente yo no vi en que momento la encendió- y se la entregó a la parroquiana, quien al momento de agarrar la vela, estaba temblando de terror.

Lucas dio media vuelta y caminó hacia nosotros. De verdad daba miedo la mueca que parecía iluminarse en su cara, una sonrisa, pero no de alegría, sino que de satisfacción. Es la primera de la noche -dijo-, nos faltan nueve.

Seguimos caminando. Cuando llegamos al centro del progreso, Lucas ya había repartido todas sus velitas, diez en total, entonces dijo: Vamos al gallito, necesitamos comprar algunas cosas que nos hacen falta. (el gallito es un súper que está abierto las 24 horas),

Fuimos a comprar, sin embargo solo Lucas y Elías entraron al súper, los demás nos quedamos en la puerta esperándoles. Cuando salieron, llevaban consigo dos bolsas de plástico, repletas de algo. Sin decir nada abrieron el ataúd y las metieron dentro.

Se acercaron a nosotros y Lucas dijo: bueno, ahora empezaremos la última caminata... vamos al cementerio.

Eran poco mas de las once, si mis cálculos no fallaban, llegaríamos al cementerio al filo de la media noche. En noche de brujas.

Continuara… (El lunes... ahora si es la ultima.)

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